viernes, 15 de octubre de 2010

miércoles, 26 de mayo de 2010

El bicentenario y la alegria

Cumplimos doscientos años y todo el pueblo salió a la calle. Siempre es una fiesta ver al pueblo en la calle movilizado pero inevitablemente me hace pensar en los últimos años.
Recuerdo cuando volvimos a la democracia, la alegría que reinaba. Para la gente de mi edad esa fue la primera vez que votamos y fue muy significativo, a tal punto que el gobierno democrático del Doctor Alfonsín celebró los cien días de la democracia, con un gran número de personas en la calle.
Yo estuve celebrando el retorno al sistema democrático y los primeros cien días, aunque reclamábamos en ese momento por justicia social, independencia económica y soberanía política.
Todos los jóvenes de entonces nos reuníamos y discutíamos largas horas acerca del caminos que debíamos seguir para arribar a la patria liberada, mientras escuchábamos a Silvio Rodríguez, a Pablo Milanes, a Santiago Feliu, a Víctor Heredia y particularmente yo repetía como para convencerme una estrofa de una hermosa canción de Pablo

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Sobre todo esto último “pagarán sus culpas los traidores” que era como un grito de guerra para mi, una manera de trazarme un camino que veía largo e infructuoso incluso a veces inalcanzable.
Pero llegó el bicentenario y llegó la fiesta de todos y lo escuche otra vez a ese gordo cubano tan querido, cantar lo mismo después de tantos años y me emocionó volver a cantar que renacerá mi pueblo de su ruina y pagaran su culpa los traidores y más me emocionó pensar que están pagando su culpa los traidores. Pensar que están retornando los libros y las canciones a los chicos o quizás mejor, los chicos están retornando a los libros y a las canciones, gracias a la asignación universal por hijo. Me emociona que estamos luchando para quitarles los medios de comunicación a las manos asesinas, que brindaron con los dictadores sobre la sangre de los compañeros que murieron antes.
Me alegra celebrar en este bicentenario que estamos en camino, en el camino que pedíamos hace veintisiete años, cantando y celebrando el retorno a la democracia.
Hace algún tiempo Pablo Neruda dijo:

Está mi corazón en esta lucha
mi pueblo vencerá, todos los pueblos
vencerán , uno a uno.
Estos dolores
se exprimirán como pañuelos hasta
estrujar tantas lágrimas vertidas
en socavones del desierto, en tumbas,
en escalones del martirio humano.
Pero está cerca el tiempo victorioso.
Que sirva el odio para que no tiemblen
las manos del castigo,
que la hora
llegue a su horario en el instante puro,
y el pueblo llene las calles vacías
con sus frescas y firmes dimensiones.

Aquí está mi ternura para entonces.
La conocéis. No tengo otra bandera..

Con toda nuestra ternura y nuestras banderas alzadas, en eso estamos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Si, pero

Ya lo decíamos a fines del año pasado. Dos mil diez sería un tiempo de peleas con gorilas de todo pelaje. Por el momento, corren bajo un cielo de alpargatas.


Ahora bien, si usted se topa con un gorila preocupado por la pobreza, preguntele si se banca una profunda redistribución del ingreso. Por ahí no, por ahí ese es el problema.

Dele ejemplos, digale que podría ocurrir que los cines y los bares se llenen de personas de barrios marginales, ¿Se bancarían "el desorden"? ¿Se lo bancarían o saldrían indignados a quejarse por el barullo en el cine, las risas fuertes en los bares y la "inadecuada forma de conducirse en la ciudad"?

¿Exageramos? No, eso pasó a mediados del ´40.

Es simple, hay que hacer como los defensores con oficio; un amague y ver para donde dispara el delantero.